NUEVAS Y VIEJAS ADICCIONES EN EL S. XXI (y II)
¿UN FUTURO DE ADICTOS?
Maribel Gámez, 23-10-2024
Lo que era ciencia-ficción hace diez años hoy es ciencia.
Patricia Rojas
Actualmente se dan las condiciones sociales para que uno de cada tres adolescentes españoles de entre 12 y 16 años desarrollen una adicción [1]. Vuelve a leer la frase anterior con atención, porque tiene implicaciones muy serias. Es un escenario terrorífico el que describe. Estamos hablando de que los afectados podrían ser tu hijo, tu sobrina o el hijo de la vecina con la que te cruzas todos los días. Todos ellos, un 33%, vivirían bajo la esclavitud de la dependencia. ¿Te imaginas un futuro donde un tercio de tus conciudadanos se comportan como adictos?
La adicción de la que hablo no es igual que esa clase de dependencia que aún llena nuestro imaginario, en la que una persona abusa de una sustancia, como la heroína o las drogas de diseño para escapar de la realidad, no. Las nuevas adicciones se suman a estas que parecen de un tiempo pretérito pero que

Como seguro imagináis, romper con esta dinámica es muy dífícil y costoso tanto para el paciente como para el terapeuta.
¿Cómo es posible que se haya llegado a esta situación? La causa directa de este problema, de la adicción a las redes sociales, es el acceso a información personal que se ha permitido que tengan las grandes compañias. Me refiero a conocer datos individualizados de cada una de las personas que accede a estas redes. Con esas referencias se generan algoritmos que muestran de manera personalizada contenidos audiovisuales cortos, de pocos segundos, que son los que mantienen enganchado al que usa las redes.
Si lo piensas bien, que empresas como TikTok o Instagram puedan contar con una información tuya capaz de generar

son los datos que recoge del usuario [2]. Si te pica la curiosidad y consultas el documento verás que la Política de Privacidad está compuesta de varias paginas, la lista de información privada que pasa a ser de su poder cuando abres una cuenta es extensa. Entre otros datos, TikTok recopila: el historial de navegación, el nombre de la compañía de Internet que tienes contratada, tu sistema operativo, tu ubicación, la información que dejas al utilizar otras redes sociales y, por supuesto, también obtiene datos del uso de la propia red: de los vídeos que miras o de los contenidos que tienes en el apartado llamado “Mis favoritos”.
Todos esos datos generan una amalgana de conocimiento sobre el usuario que sirve posteriormente para mostrar, según el análisis de intereses del individuo que las usa, una red encadenada de contenido audiovisual que tiene como fin

El 2 de octubre de este año la Comisión ha pedido más información no solo a TikTok sino también a Youtube y a otras plataformas de redes sociales para saber más sobre el diseño y funcionamiento de los sistemas de recomendación de vídeos a la que deben contestar antes del 15 de noviembre si no quieren verse expuestos a una imposición de multas [3]. No es la primera vez que Europa recaba información de estas plataformas, lo que va provocando que TikTok entregue informes de seguridad sobre cómo elimina contenido engañoso o cuentas falsas y que haya habilitado un apartado con información sobre de qué forma el algoritmo que usa recomienda los contenidos a los usuarios. ¿Se acabará el problema de la adicción de los usuarios por saber de qué forma TikTok recomienda vídeos? Parece claro que no. ¿Se acaba la adicción de un alcohólico por conocer los ingredientes que conforman una bebida? Pues eso.

Los datos sobre la cantidad de usuarios en Europa acercan a la realidad gigantesca del fenómeno: en Francia el 23% de la población tiene una cuenta de TikTok, en Alemania e Italia es el 22% y en España casi el 39% está suscrito a esta red social [4 y elaboración propia]. Hay que tener en cuenta en estos datos que, como se mencionaba antes muchos adolescentes tienen 2 cuentas en una misma red social, lo que disminuye la cantidad de suscriptores únicos.
Para entender bien este fenómeno hay que recordar el motivo por el que alguien se vuelve adicto a algo, ya sea una adicción con o sin sustancia, como es el caso, este último, de las redes sociales. La adicción a las drogas, en este caso a las redes sociales, se suele dar con el fin de escapar del malestar, de la búsqueda de refugio en algo que dé alivio a las emociones

alumnos de 15 paises en Lengua, Matemáticas y Ciencias [6] arroja unos resultados que indican una caída fuerte respecto a la anterior edición en las dos primeras áreas. Tienen dificultades para entender un texto, poseen un vocabulario pobre que no les ayuda a describir la realidad y tampoco dominan las habilidades matemáticas esenciales para moverse por la vida, ordenar, calcular y resolver problemas.
La falta de una buena conexión con los demás y la ausencia de una buena educación que deja en suspenso un futuro profesional ilusionante, son dos factores, entre otros, generadores de malestar y semilla para el desarrollo de problemas psicólogicos. Estos datos están relacionados con el hecho de que algunos de estos jóvenes tomen la decisión extrema de suicidarse para aliviar su sufrimiento.

Se estima que los jóvenes pasan 5 horas al día de media conectados a Internet y que el 98,5% de los adolescentes está registrado en una red social y que 2 de cada 3 cuenta con dos perfiles distintos en una misma red, lo que burla el control parental, si lo hay [8].
Son suficientes cifras las expuestas para comprender que el fenómeno ya se sitúa en un nivel similar al de una pandemia. La cuestión es cuál es la solución. No parece que la Comunidad Europea vaya a tomar ninguna acción útil para evitar la dependencia de los jóvenes a las redes sociales, porque lo único que se podría hacer es prohibirlas y eso no es una opción. Otro agente de cambio, el sistema educativo, tiene ya suficientes dificultades para instruir adecuadamente a los niños y adolescentes como para ocuparse además de este problema.

gran mayoría de las personas que aún no lo son. En definitiva, son ellos los que la desarrollan y conocen bien qué tienen entre manos.
Y segundo, también disponen, por eso se llaman élites, de recursos económicos que el resto de los mortales nunca podremos alcanzar para crear esa burbuja antitecnológica para sus hijos. Cómo se comportan nos deja claro algo que ya se veía venir: que las redes sociales permaneceran y que se perfeccionaran en su misión de ser usadas el mayor tiempo posible sin que nadie haga nada por evitarlo.
Quizá no todo esté perdido, aunque el futuro es oscuro ya que la lucha del individuo es contra enemigos poderosos a los que, desgraciadamente, les hemos dado las llaves de nuestra mente.


existen y seguirán existiendo.
Nos hemos modernizado en todo, incluido el mundo de las adicciones donde lo que ahora engancha son estímulos presentados de cierta forma que penetran en los sentidos. Hablamos de la adicción a las redes sociales, de que ese tercio de jóvenes posiblemente haya perdido el control de su uso. Otro ejemplo de adicción sin sustancia qu cada vez tiene más adeptos es el juego patológico a través de aplicaciones y que cada vez veo más en consulta. La persona se ve envuelta en una necesidad creciente de apostar cantidades de dinero cada vez mayores para conseguir la excitación inicial. Y como en la adicción a las redes sociales que nos ocupa hoy, esas personas se sienten nerviosas e irritadas cuando intentan abandonar el juego e incluso cuando pretenden reducir su participación.

contenidos altamente adictivos solo para ti es bastante chocante: ¿alguna vez has pedido el contacto del presidente de tu comunidad de vecinos al administrador y se te ha denegado por la Ley de Protección de Datos? Llama la atención como en un mundo en el que no paramos de escuchar la importancia de la protección de datos personales, estas empresas sepan tu historial de navegación o tu ubicación, entre otras informaciones. Debe ser que, en la práctica, la Ley de Protección de Datos solo afecta al ciudadano (y además es mal entendida: sí que tienes derecho a que te den el contacto de tu presidente de escalera) y no a las compañías.
La Política de Privacidad de la red social TikTok, que cuenta con casi 1.600 millones de usuarios en el mundo, 19 de esos millones en España, describe con bastante detalle cuáles son

provocar placer o interés en segundos en quién los mira. Vamos, lo que podríamos llamar un chute. Dicha red de contenidos está basada en un algoritmo único capaz de estimular la vía de recompensa del cerebro, como comentaba nuestra querida compañera Patricia, generando dopamina, la hormona del placer. Cada vídeo es una pequeña descarga en el cerebro que funciona como una droga y que el organismo busca que se mantenga, es decir que una dosis dé paso a la siguiente convirtiendo a una gran cantidad de personas en adictas a su uso.
Por su gran capacidad para crear adictos y por otros motivos, la red social de origen chino y también otras similares, han estado y están bajo la atenta mirada de la Comisión Europea que quiere regular estas plataformas.

Lo que es seguro es que los diseñadores de algoritmos que se usan en las redes sociales como Instagram, Youtube o TikTok conocen en profundidad los mecanismos que rigen la conducta humana hasta tal punto de tener a millones de personas pegadas durante horas al teléfono móvil. Saben que tienen una información valiosísima capaz de atrapar a grandes masas y se niegan a revelar las fórmulas matemáticas de dichos algoritmos, que permanecen envueltas en misterio.
Pero volvamos al origen del fenómeno. Si antes hablaba de las causas directas de la conducta adictiva de los jóvenes en redes sociales, hay otras no tan directas pero igual de importantes. ¿Qué le pasa a Europa y en concretos a sus jóvenes para decidir invertir su tiempo en ver una maraña de contenidos efímeros y vacuos que les condicionan la vida?

negativas. ¿De qué malestar huyen los jóvenes, principales consumidores de redes sociales?
En Europa y, en concreto en España, hay indicadores de que algo no marcha bien en su salud mental. Si nos fijamos en los jóvenes de 16 a 29 años, estos sufren soledad no deseada en España en un porcentaje del 75% [5]. Es decir, en las edades en que se supone que deben socializar en mayor medida con su grupo de pares, los jóvenes sienten que están solos y que además las redes sociales no palian su soledad pero las utilizan como distractor del malestar.
Si socialmente no encuentran su lugar tampoco parece que se sientan reforzados por sus logros académicos. La publicación del Informe Pisa en 2023 que mide el rendimiento de los

Hay que recordar que en 2022, el último año en el que se tienen datos definitivos sobre el suicidio en España, 341 adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años se quitaron la vida, 25 más que en el año 2021. En ese mismo año12 niños por debajo de los 10 años también tomaron esa terrible decisión, lo que constituye un dato demoledor. [7]
Estas situaciones, entre otras que por un asunto de extensión no se mencionan, son el caldo de cultivo perfecto para tener una generación vulnerable a cualquier estímulo que disminuya su sufrimiento y les haga sentir mejor u olvidar su malestar. Ahí entran en juego las redes sociales como una solución rápida y eficaz, ya que son capaces de distraer durante horas a los jóvenes de sus problemas. De ahí su uso cada vez más masivo y fuera de control.

Queda la familia, que solo puede tener éxito en la educación inteligente en el uso de las redes sociales si crea una burbuja comunitaria donde operen reglas distintas. Las élites de Silicon Valley, justo el epicentro de la innovación tecnológica, ya lo hacen y de manera muy estricta porque saben que se jugan el futuro de sus hijos. Por contrato, obligan a las niñeras que cuidan a sus hijos a no utilizar ningún aparato electrónico en presencia de los pequeños para evitar ser modelos de uso de la tecnología y así alejarles del peligro de la adicción [9].
Es cierto que ellos tienen más fácil la creación de contextos totalmente diferentes a los que estamos expuestos la ingente mayoría de los que no somos élites. Eso es así, primero, porque están plenamente concienciados del peligro que conlleva el uso de la tecnología a edades tempranas en contraposición con la

Y la de nuestros hijos.
Notas
[1] Infobae. Mayo de 2024. Uno de cada tres adolescentes sufrirá adicción a las redes sociales.
[2] Tik Tok. Septiembre de 2024. Política de Privacidad de TikTok.
[4] Prime Web. 25 de abril de 2024. Estadísticas y usuarios activos de TikTok (2024)